domingo 3 de enero de 2010

La entrada en la religión de Teodoro W. Adorno


Este mundo está dividido entre los que aman a los animales y los que no, va para mis heroes los rescatadores.

LA ENTRADA EN LA RELIGION DE TEODORO W. ADORNO DE JULIO CORTAZAR.

/ escrito casi nada sobre gatos, cosa más bien rara porque gato y yo somos como gusanitos del Yin y el Yang interenroscándose (éso es el Tao) y no se me escapa que cada gato en español es amo de las letras del Tao, con la g a manera del agujerito que dejan en los ponchos las mujeres de los indios navajos para que no se les quede el alma prisionera en el tejido; pero ya que Kipling mostró que el gato walks by himself y no hay Tao ni prosa mágica que lo retenga más allá de sus horas y sus ánimos /W.Adorno anduvo muchas veces por las páginas de Saignon, hay que explicar que su Yin y mi Yang (o al revés, según las lunas y las hierbas) se fueron amistando y entrelazando sin el menor contrato, sin eso de que te regalan un gatito y vos le das la leche y entonces el animal desenvuelve reflejos condicionados, arma su territorio y duerme en tus rodillas y te caza los ratones, el triste pacto de las viejas con sus gatos, de las gatas con sus viejos. Nada de eso, mi mujer y yo vimos llegar a Teodoro por el sendero que baja al ranchito y era un gato sucio y canalla, negro debajo de la ceniza polvorienta que mal le tapaba las mataduras, porque Teodoro con otros diez gatos de Saignon vivía del vaciadero de basuras como cirujas de la quema, y cada esqueleto de arenque era Austerlitz, los Campos Cataláunicos o Concha Rayada, pedazos de orejas arrancadas, colas sangrantes, la vida de un gato libre. Ahora que este animal era más inteligente, se vio enseguida cuando nos maulló desde la entrada, sin dejar que nos acercáramos pero dando a entender que si le poníamos leche en una aceptable no cat's land condescendería a bebérsela. Nosotros cumplimos y él entendió que no éramos despreciables; salvamos por mutuo acuerdo tácito la zona neutralizada, sin tanta Cruz Roja y Naciones Unidas, una puerta quedó entornada con dignidad para no ofender orgullos, y un rato después la mancha negra empezó a dibujar su espiral cautelosa sobre las baldosas rojas del living, buscó una alfonbrita cerca de la chimenea, y yo que leía a Paco Urondo escuche por ahí el primer mensaje de la alianza, un ronroneo confianzudo, entrega de cola estirada y sueño entre amigos. A los dos días me dejó que lo cepillará, a la semana le curé las mataduras con azufre y aceite; todo ese verano vino de mañana y de noche, jamás aceptó quedarse a dormir en la casa, qué te creés, y nosotros no insistimos porque ya pronto nos volveríamos a París y no podíamos llevarlo con nosotros, los gitanos y los traductores internacionales no tienen gatos, un gato es territorio fijo, límite armonioso; un gato no viaja, su órbita es lenta y pequeña, va de una mata a una silla, de un zaguán a un cantero de pensamientos; su dibujo es pausado como el de Matisse, gato de la pintura, jamás Jackson Pollock o Appell / día que nos fuimos, sentimiento de culpabilidad inevitable: ¿ y si se había ablandado, si tanta leche y fideos y arrumacos lo dejaban en desventaja frente a los duros de la quema,, los machazos de orejas recortadas y costumbres de tropas de asalto? Nos miró irnos, sentado en la parecita de piedra, limpio y brillante, comprendiendo, aceptando. Ese invierno pensé tantas veces en él, lo dí por muerto, hablábamos de Teodoro con la voz de la elegía. Vino el verano, vino Saignon, cuando fuí a vaciar por primera vez la basura vi de nuevo el salto vertiginoso de ocho gatos al mismo tiempo, barcinos y blancos y negros pero no Teodoro, su corbatita blanca inconfundible en tanto azabache. Previsiones confirmadas, selección natural, ley del más fuerte, pobre animalito. A los cinco o seis días, cenando en la cocina, lo vimos sentado detrás del vidrio de la ventana, fantasma lunar y Mizoguchi. Su boca debujó un maullido que el vidrio volvía cine mudo; a mí se me mojaron los ojos como a un imbécil, abrí la ventana y le tendí prudentemente la mano, sabiendo lo que ocho meses de ausencia liman y destruyen en una relación. Se dejó tomar en brazos, sucio y enfermo, aunque ya en el suelo se vio que estaba huraño y distante, que reclamaba su comida como un mero derecho; se fue casi en seguida con esa manera suya de acercarse a la puerta y maullar como si le estuvieran aplastando el alma. A la mañana siguiente ya jugaba por ahí, manso y alegre, pronto al cepillo y al azufre. Al otro año fue lo mismo pero entonces tardó casi un mes en reaparecer, castigándonos, haciéndonos sentir su muerte, remordiéndonos; pero vino, más flaco y enfermo que nunca, y ése fue el tercero y último año de la vida pagana y alegre de Teodoro W Adorno, la época en que lo fotografié y escribí sobre él y volví a curarlo de algo que parecía una indigestión de pelos, aparte de que Teodoro se enamoró y eso le tenía completamente estúpido, se paseaba por la casa con la cabeza en alto y gimiendo, por la tarde cruzaba el jardín como en un trance, flotando entre los tréboles, y una vez que lo seguí discretamente lo vi descender el sendero que llevaba a una de las granjas del valle y perderse en un atajo, gimiendo y llorando, Teodoro Werther, arrasado de amor por alguna gata de escabroso acceso. ¿Qué destino tuvo ese idilio entre la lavanda de Vaucluse? El de Juan de Mañara, no el de Werther: lo comprendí este año, después de dos meses de Saignon con la ausencia irrefutable de Teodoro. ¿Muerto, esta vez sin duda decididamente muerto, la garganta abierta por alguno de los taitas del vaciadero, pobrecito Teodoro tan débil y enamorado y esas cosas? / once y media es la mejor hora para comprar el pan y de paso despachar las cartas y vaciar la basura; subí el sendero sin pensar en nada, como casí siempre en el momento de las revelaciones (a estudiar una vez más cómo toda distracción profunda entreabre ciertas puertas, y cómo hay que distraerse si no se es capaz de concentrarse) / por expreso y ésta por avión, allez, au revoir monsieur Serre, un pan redondo y caliente, charla con monsieur Blane, cambio de nociones metereológicas con madame Amourdieu, de golpe la manchita de sombra bajo el derroche amarillo del mediodía, la puerta de mademoiselle Sophie, la mancha de sombra ovillada delante de la puerta, no puede ser, cómo va a ser, qué diablos va a ser, de día todos los gatos son negros y además como es posible que el gran pagano esté tomando sol delante de la puerta de madeimoselle Sophie pequeñita y jibosa y señorita y sacristana de Saignon, con antojos y sobrero y una boca perdida entre una nariz que baja y un mentón que sube, Teodoro, Teodoro¡ Le pasé al lado y no me miró, dije despacito: Teodoro, Teodoro chat, y no me miró, Juan de Mañara había entrado en religión, vi el platito de leche y el hueso de una costlla tan frágil como las de madeimoselle Sophie, las raciones de una vida minúscula de ratoncito de iglesia con olor a jabón barato y a cirios, Teodoro convertido, bautizado, ignorándome, preparándose para la vida eterna, convencido de tener un alma. quizá de noche durmiendo en la casa, la última de las humillaciones, la penitencia final, yo pecador él que jamás aceptaba una puerta cerrada y ahora las rodillas puntudas de madeimoselle Sophie, las carpetitas bordadas, las oraciones y los ronroneos al mismo tiempo, la vida cristiana en una aldea provenzal. ¿Y el Tao, y los amores, y esa manera de jugar con las pelotas de papel que hacíamos con los suplementos dominicales de La Nación? / vuelto a ver dos o tres veces y nunca me reconociste y está bien porque tampoco yo te reclamaré, con qué derecho podría, vos el más libre de los gatos paganos y el más prisionero de los gatos católicos, tendido delante de la puerta de tu sacristana como un perro que la defiende, Ah Teodoro, qué bonito era verte bajar por el sendero, la cola al aire, gimiendo por tu gatita entre la lavanda, que dulce era encontrarte otra vez cada año, el día en que se te antojaba, la noche de luna que elegías displicente para saltar a la ventana y quedarte unas horas con nosotros antes de volver a tu libertad que como tantos de nosotros has cambiado por una jubilación de gato, por el cielo que te tienen prometido.





JULIO CORTAZAR, El Último Round, Siglo Veintiuno Editores, 1969.
FOTO: EL GATO DE RECOLETA, BUENOS AIRES 2008 COPYRIGHT:MARIAUXILIO BALLINAS

viernes 4 de diciembre de 2009

PARA LA VIDA

Shadow,Buenos Aires,2008 copyright:Mariauxilio Ballinas






Para la Vida

Mi destino te busca. Soy la fecha que el mar

todavía no ha escrito.

Esa brisa es lo que sueñan los árboles.

En las sienes la mano recuerda el horizonte.

En los labios

la voz se agita como una bandera

y en algún sitio del pecho aún responde el poniente.

Mi destino te busca.

En mis ojos el tiempo numera las miradas.

Se coleccionan los antes, no hasta decir mañana

sin el pecho partido por la noche.

La ciudad se ciñe el anochecer como una corona.

Arderé como la invención de la tarde,

como el bosque que se ha puesto a pensar en la lluvia,

como la sonrisa que toma forma de anillo

y rueda de una mano silenciosa.

Destino. Palabra que el fondo del río saca como un pez,

como una mejilla donde la corriente puede llorar

sin que lo noten las orillas.

Destino. En un pecho la luna boga desvelada

por la razón más fria.

Destino. A ciegas la luz vela

y unos ojos se abren para siempre

Escucha esa mirada

que al destino peneta hasta irradiarlo.

Día por venir,

por tocar nuestros ojos con unos ojos de viento.

Soplo de mar a bordo de la tierra,

paisaje de unas velas y de un mástil

en una voz ligera como la espuma o la sonrisa.

Hablo del corazón, frente a la muerte.

Hablo diciendo sueño, sueño, altamar, fumarola.

Hablo diciendo Todos,

en el árbol de la voz, con un labio de tierra y otro de noche,

con un corazón de polvo y otro de carta.

Hablo para la vida que ha besado su muerte,

hablo para la muerte

que la vida contempla alejándose.

El tiempo. En el pecho su transcurso sea ahonda como un rio

que ha oído hablar del mar.

Día por venir, por sentarse a nuestra mesa.

día con cuello de nubes.

Sopla la brisa,

la tierra puede ser el barco que necesitamos.





De el libro "El Otoño recorre las Islas de José Carlos Becerra
Lecturas Mexicanas

sábado 31 de octubre de 2009

Una instalación de María Auxilio

C a 20 de la serie Corazón de Asfalto-corazón de hielo, Chicago, 2009. Copyright:Mariauxilioballinas
A 22, Chicago, 2009. de la serie Corazón de Asfalto-corazón de Hielo. Copyright: Mariauxilio Ballinas


Octavio Paz dijo que la historia de una persona no es el catálogo de los libros que ha leído sino la amalgama de sus experiencias: lo que ha vivido, pensado, creído, querido. María Auxilio Ballinas recurre a todo lo que hay en ella para cada obra. Por eso comunica, narra, filosofa, poetiza en sus trabajos. Un fotógrafo comparte su mirada. María Auxilio ha logrado que su particular contemplación de hechos, objetos, fenómenos, momentos, sentimientos, constituyan una perspectiva referencial en el arte hecho por chiapanecos. Su instalación en la exposición “Millas y Kilómetros” abstrae al espectador de su propio mundo y lo integra, lo hace existir en la atmósfera planteada por ella. Quien observa asimila perfectamente una experiencia, una lectura de vida y un modo de ser que se comparte en cada detalle. Es un mensaje completo en torno al ser humano: lo que somos y dejamos de ser; aunque no estemos, estamos si estuvimos; la creencia en nuestra grandeza es proporcional a nuestra pequeñez; nuestro simple paso transforma, desgasta, erosiona; creemos tener las respuestas, cuando han cambiado las preguntas. Todo eso logra María Auxilio al dar un valor estético a los detalles, que sólo ella con su autenticidad puede generar…
David Tovilla

domingo 25 de octubre de 2009

En la opinión de Paul Rosenfeld

a 12 de la serie Arboles, Chicago 2009, copyright:Mariauxilio Ballinas
Tomado de On Photography Susan Sontang, 1973.
La vida siempre aparece plenamente presente a lo largo de la epidermis del cuerpo: la vitalidad lista para ser apresada entera al fijar el instante, al registrar una breve sonrisa de fatiga, una contorsión de la mano, el fugaz paso del sol entre las nubes. Y ningún instrumento, salvo la cámara, es capaz de registrar esas reacciones tan complejas y efímeras y expresar toda la majestuosidad del momento. Ninguna mano puede expresarlo, pues la mente no puede retener la verdad exacta de un momento el tiempo suficiente para permitir que los lentos dedos consignen vastas masas de detalles relacionados, Los impresionistas se afanaron vanamente por lograrlo. Pues consciente o inscoscientemente, lo que procuraban demostrar con sus efectos de luz era la verdad del momento: el impresionista siempre ha intentado fijar el prodigio del aquí, del ahora. Pero los efectos momentáneos de luz se les escapaban mientras se dedicaban a analizar: y su "impresión" por lo general no es más que una serie de impresiones superpuestas. Stieglitz fue más atinado. Acudió directamente al instrumento fabricado para él.


Paul Rosenfeld

domingo 11 de octubre de 2009

EL COLOSO

Señales, Lisboa. 2000. copyright:Mariauxilio Ballinas





Nunca podré reunirte íntegramente,

juntar, pegar, articular como corresponde

Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos

provienen de tus grandes labios.

Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,

portavoz de los muertos o de algún dios

Yo llevo treinta años esforzándome

por limpiar de fango tu garganta

y no he aprendido nada.


Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol

me arrastro como una hormiga enlutada

por los campos cubiertos de maleza de tus cejas

para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar

los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.


Un firmamento azul de otra Orestíada

se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo

eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.

Aquí meriando, en una colina de seres siniestros.

las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven

a su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.


Se necesita más que un rayo para crear tanta ruina.

Algunas noches me acurruco en la cornucopia

de tu oreja, a salvo del viento,

y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.

Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.

Mis horas se desposan con la sombra.

Ya no escucho más el roce de la quilla

contra las sordas piedras del embarcadero.


Sylvia Phath





The Colossus


I shall never get you put together entirely,
Pieced, glued, and properly jointed.
Mule-bray, pig-grunt and bawdy cackles
Proceed from your great lips.
It's worse than a barnyard.

Perhaps you consider yourself an oracle,
Mouthpiece of the dead, or of some god or other.
Thirty years now I have labored
To dredge the silt from your throat.
I am none the wiser.

Scaling little ladders with glue pots and pails of Lysol
I crawl like an ant in mourning
Over the weedy acres of your brow
To mend the immense skull-plates and clear
The bald, white tumuli of your eyes.

A blue sky out of the Oresteia
Arches above us. O father, all by yourself
You are pithy and historical as the Roman Forum.
I open my lunch on a hill of black cypress.
Your fluted bones and acanthine hair are littered

In their old anarchy to the horizon-line.
It would take more than a lightning-stroke
To create such a ruin.
Nights, I squat in the cornucopia
Of your left ear, out of the wind,

Counting the red stars and those of plum-color.
The sun rises under the pillar of your tongue.
My hours are married to shadow.
No longer do I listen for the scrape of a keel
On the blank stones of the landing.


Sylvia Plath

domingo 4 de octubre de 2009

Fragmento de Pedro Páramo

Milita 1997 copyright:Mariauxilio Ballinas






Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de castilla, ramas de ruda.

Desde entonces lo guardé. Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón.

Era el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar un buen resultado para que mi padre me reconociera.


Juan Rulfo, Pedro Páramo (1955)


domingo 6 de septiembre de 2009

Paul Strand dice

Chalma, 2009. copyright:Mariauxilio Ballinas
Malinalco 13 , 2009 . copyright:Mariauxilio Ballinas

Tu fotografía es un registro de tu vida, para cualquiera que sepa ver realmente. Puedes ver y ser influido por las costumbres de otros, incluso puedes utilizarlas para encontrar las propias, pero con el tiempo tendrás que liberarte de ellas. A eso se refería Nietzsche cuando dijo: "Acabo de leer a Schopenhauer, ahora tengo que desembarazarme de él". El sabía hasta qué punto pueden ser insidiosos los hábitos de los demás, especialmente los de quienes cuentan con la fuerza de una experiencia profunda, si dejas que se interpongan entre tu visión y tu.




Paul Strand




(A propósito de mi viaje a Malinalco)